un perro, un fonógrafo y un tal paco

NIPPER

Daniel Mateos Chatin / Actor y filibustero rural

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Nipper, el perrete de “La voz de su amo”, un cruce entre Bull Terrier y Fox Terrier era la mascota de un tal Mark Henry Barraud, quien residía en Bristol a fines del s.XIX pero tuvo la mala fortuna de fenecer en 1887. El perrete, huérfano cual Oliver Twist, pasa a ser propiedad de uno de los hermanos del finado, Francis; quien tenía un estudio de fotografía y le daba también a la paleta y al pincel como si fuera un Velásquez al uso y era miembro de la Royal Academy of Arts. Además de hacerse cargo del simpático can, Francis heredó un fonógrafo de cilindro y una serie de grabaciones con la voz de su difunto y fiambre hermano Mark.

El caso es que cuando Francis le daba cuerda a ese tocata vintage y decimonónico no se ponía a Los Ramones ni a Perlita de Huelva, si no que aquejado de cierta morriña y melancolía, a la par que añoranza y nostalgia por la ausencia de su hermano, a menudo escuchaba (que ya son ganas) la voz grabada del difunto y “morido” cadáver del corrupto y ya esquelético hijo de su común madre. Nipper, chucho donde los haya, al escuchar esa conocida voz se sentaba delante del aparato fonográfico y sonoro con extática curiosidad a escuchar, entre olisqueos y lametones varios al aparato, la voz de su antiguo amo mientras ladeaba la cabeza sin entender de donde provenía la misma.

Francis, que recordemos era muy artista, y un poco morboso también, tomó una foto de Nipper (el perro que babeaba fonógrafos) sin el consentimiento expreso del can, sin saber este que su imagen se haría mundialmente famosa con el tiempo. Nipper con once años perrunos decidió, un buen día de septiembre de 1895,  acompañar a su antiguo dueño a criar malvas.

Se dice, se cuenta, se rumorea que Francis conmovido y maravillado por la fidelidad de Nipper tuvo la idea de pintar una pintura pintada y pintoresca de la foto de Nipper, alias “El baboso”.

Titulando en primera instancia la pintura con el soso nombre de “Perro mirando y escuchando un fonógrafo” al poco lo cambió por el más sonoro y salado “La voz de su amo” intentando exhibirlo en la Royal Academy esa de las Arts de la que era miembro donde le dijeron con perfecto acento british que nones o nanai de la China (las fuentes son confusas en esto).

Apurado de peculio y hacienda intentó vender la pintura a la propia empresa inventora del fonógrafo, la Edison Bell Company pero aquí también le dieron naranjas. Pobre Paco, pobre Francis.

Su cejo y empeño no mermaron un ápice y finalmente por 100 libras de la época consigue vender la pintura perruna a la novísima compañía del gramófono, la Gramophone and Typewriter Company, con la condición de que cambie el dibujo del fonógrafo por el de un gramófono.

El bueno de Francis se cubrió de gloria y fajos de libras ya que la simpática pinturita se convirtió en el logo de marcas tales como RCA Records o Victor Records.

El perro no vio un duro, ya estaba muerto.