ÁNGELES SANTOS TORROELLA

La pintora de la imaginación.

Laura siz / Ilustradora, músico y animadora de lo inanimado

Una artista marcada por la vanguardia de la época, empapándose de revistas y libros como «Realismo mágico: Post-expresionismo: los problemas de la más reciente pintura europea» (Franz Roh, 1925), poseía semejanzas a El Greco, Goya, Dalí, pero estaba más guiada por sus propias experiencias de vida y la libertad de sus sensaciones.

La obra de Ángeles Santos se puede dividir en tres etapas principales, aunque sus obras más importantes y las que la colocarían en la cúspide del arte, serían las realizadas entre 1928 – 1930, con obras como «Un Mundo» o «Tertulia». Estuvo ligada a la Generación del 27, Las Sinsombrero, La Sociedad Española de Pintores y Escultores. Aquí entre nosotros, me habría encantado pasar un día con ella y que me contase de primera mano todas esas anécdotas y curiosidades que ha vivido como persona, sin hablar tanto de su obra de la que ya casi todo se sabe.

De momento comencemos por el principio. Ángeles nació en Port-bou, el 7 de noviembre de 1911. Su hermano es el poeta, crítico (especializado en Dalí) e historiador, Rafael SantosTorroella, al que adora, acompañándose siempre uno a otro con total cariño y admiración.

Todo se inicia con su internamiento en el Colegio de las Esclavas Concepcionistas de Sevilla, donde se aficionará más a fondo al dibujo y la pintura. Posteriormente, se traslada a Valladolid con sus padres y recibirá clases de pintura de la mano del restaurador italiano Cellino Perotti. Es aquí en la Calle Alonso Pesquera, 11 en Valladolid (cuadro desde su ventana), el lugar donde explora y explota su mayor potencial. Pinta todo lo que está a su alrededor, su familia, Valladolid desde su ventana, conocidos,…

-«Siempre he sido una persona muy solitaria. Mis primeros paisajes los pintaba sin salir de casa, sin ver a nadie».-

Entramos en su primera etapa. A pesar de ser tan joven, la riqueza de su universo interior y la investigación de las obras de vanguardia del momento, la hace crear una de las piezas que marcarán un antes y un después convirtiendose en referente del surrealismo. La obra en cuestión se titula «Un Mundo». Ángeles comentó a su padre que quería pintar el mundo y él encargó un gran lienzo que en un inicio ella dice no saber cómo llenarlo, pero se entrega a su intuición por completo dejándose llevar por el cubismo, las noticias sobre marte y el pensar en la vida que podría haber allí, la vida y la muerte en la tierra,… «Un Mundo» fue expuesto por primera vez en el IX Salón de Otoño, realizado en el Palacio de Exposiciones del Retiro (Madrid, 1929). En esta exposición presentó tres obras: «Autorretrato», «Niña» y «Un Mundo»

-«Yo no me considero surrealista, sino una pintora de la imaginación».-

La mencionada obra llamó la atención de muchos, incluyendo personalidades como Ramón Gómez de la Serna que a sus tiernos 23 no pierde ocasión para visitarla, Federico García Lorca por el que tendrá gran simpatía y aprecio, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Guillermo Díaz-Plaja,… Tras esta exposición Ramón Gómez de la Serna escribió estas líneas sobre ella y su trabajo:

«En el Salón de Otoño, que es como submarino del Retiro, náufrago de hojas y barro, ha surgido una revelación: la de una niña de diez y siete años. Ángeles Santos, que parece como Santa Teresa de la pintura, oyendo palomas y estrellas que le dedican el tacto que han de tener sus pinceles».

Ramón Gómez de la Serna.

Pasamos a la segunda etapa de la artista. Ese estallido de surrealismo, tendría su fin en el mismo momento de su inicio dado que Ángeles no volvió a pintar nada semejante. No obstante tuvo muchísimo éxito. En 1930 expuso en el Lyceum Club en una exposición en el Círculo de Bellas Artes. Fue invitada al X Salón de Otoño, pero en esta ocasión sería la primera vez que el Salón dedica una sala a una pintora y la octava ocasión que se rendía homenaje a una artista en solitario. Ángeles expuso 34 obras en una sala propia. Sus piezas ganan en calidad pero se vuelve más tenebrosa, inquietante, fantasmagórica y se oscurece. Fue debido a una depresión que la llevó incluso a huir de casa

«…un día, al anochecer, me fui sola por las montañas a buscar a Dios…Me había ido de la realidad y quise ver cómo era el creador de todo en la tierra»

siendo encontrada por un guarda y devuelta a sus padres. Fue ingresada en un sanatorio de Madrid donde permaneció interna mes y medio hasta que pidió a su padre que la fuera a buscar. Con respecto a su obra «quemada como castigo de su rebeldía» (esto es algo que se menciona en muchas publicaciones), ella no comenta nada sobre esto. Mi teoría sobre sus obras desaparecidas es que la artista cada vez que acababa una pieza, se olvidaba por completo de ella y pasaba a la siguiente, así que puede ser que algunas obras hayan desaparecido por su propio olvido o cambio de residencia (algo que hizo en varias ocasiones). Una de las obras que surge en ese mundo de tristeza será, «Alma que huye de un sueño». Ella recuerda que le hablaban constantemente del alma y no podía evitar estar siempre pensando en esa dualidad, ese mundo paralelo, en otra vida.

A su salida, se establecerá en San Sebastián con su familia y a pesar de que aparca su producción, seguirá siendo invitada a exponer, haciéndolo en el Salón de Té Yacaré, una individual en la Galerie Charles-August Girard de París, con la Sociedad de Artistas Ibéricos de San Sebastián, Copenhague, París, en el Carnegie Institute de Pittsburgh (EE.UU), en la Galerie d’Art Syra,…

En 1936 contrae matrimonio con el artista catalán Emilio Grau Sala, del que se separa al estallar la Guerra Civil. Él fue a probar suerte a Francia y ella acabó trasladándose a Huesca con sus padres, donde dió a luz a su amado hijo Julian y empezó a trabajar como profesora de dibujo en un colegio. No obstante las exposiciones no cesan. Expone en la Sala Libros de Zaragoza, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona, en la Galería Estilo de Madrid, el Colegio Mayor de Santa Teresa de Jesús de la Universidad Complutense de Madrid, en la III Bienal Hispanoamericana en Barcelona.

Nos adentramos en su tercera y última etapa que trascurre tras reunirse de nuevo con su marido, al que no vió hasta 10 años después de su marcha a Francia por la Guerra Civil. Ahora su obra pasa a ser paisajista, relajada, con bodegones, colores suaves, casi imperceptibles, retratos muy ligeros, de estilo más decorativo. Le gustaba la pintura de su marido y aunque ella dice no haber sido influenciada por nadie, la admiración por Emilio, la haría explorar esta nueva manera de pintar.

Podría llegar a parecer que Ángeles no tiene mayor relevancia después de aquellos primeros años pero nada más lejos de la realidad. Su obra no para de ser expuesta a lo largo de su vida perteneciendo siempre al círculo de los grandes artistas que ha tenido España.

En 1992 se publica una magnífica carpeta de serigrafías «De Ángeles y Santos» (por Javier Cebrián en Altea), junto con su hijo Julián Grau Santos y su sobrino Antonio Santos. En 2003 se le rinde homenaje en una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo Español Patio Herreriano (Valladolid), exponiéndose sus obras más importantes y se le otoga la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Ángeles se fue junto a sus ángeles de «Un Mundo», el 3 de octubre del 2013, pero desde luego nos hizo saber que fue una persona llena de fuerza, rebeldía y talento, que volcó todo lo que sentía en cada trazo de pintura dejándonos una magnífica obra que será siempre una gran referencia artística. Ella, una mujer de dulce mirada azul, modesta cuando se trataba de sí misma, siempre tuvo admiración y respeto por el arte y los artistas. No creía ser todo aquello que decían de ella, sino se limitaba a sentir y disfrutar de la pintura con total pasión y devoción. Ángeles Santos Torroella, «Santa Teresa de la pintura», formarás siempre parte de los grandes tesoros de la historia del arte.

Un abrazo a todos.